Una empresa privada mediana perdía tiempo en las compras corporativas: los compradores exigían pruebas de gobernanza de la IA, y las intenciones ya no bastaban. La dirección eligió ISO/IEC 42001, la primera norma certificable de sistema de gestión de la IA, como la prueba que el mercado reconocería.
La primera estimación interna fue dura: meses de redacción de políticas y preparación de auditoría antes de poder contactar a un organismo certificador. Nadie en el equipo había construido un sistema de gestión, y cada semana de retraso ponía un contrato en riesgo.
El equipo partió del kit de inicio AIMS en lugar de una página en blanco. El paquete de políticas se adaptó y firmó la primera semana. La declaración de aplicabilidad salió de la plantilla. La auditoría interna se ejecutó en la semana tres con el kit incluido, revelando hallazgos cuando aún eran baratos de corregir. La preparación estimada en meses se alcanzó en semanas, y la auditoría de certificación quedó reservada.